Si bien todo lo que llevas contigo en el camino lo llevas en la mochila, cada gramo que pones allí hace diferencia. Te puede llegar a pesar mucho, literal y emocionalmente. No es necesario llevar muchas cosas y llevar de menos es más fácil de arreglar. Lo mejor es estar preparado para dejar atrás cualquier cosa que resulte no ser indispensable. Es decir, no llevarte tu camiseta favorita de la vida, sino alguna que da igual si se pierde.
Lo primero es encontrar la mochila correcta. Debe tomarse en cuenta cuantos días vas a estar caminando para seleccionar el tamaño, para mi 35 litros es más que suficiente. También hay que verificar que se ajuste correctamente a nuestras medidas. Las correas deben ir justo en los huesos de la cadera porque es allí donde vamos a cargar la mayor parte del peso. Las tiras de los hombros no deben hacer presión sobre la espalda.
Aquí va una lista de algunas de las cosas para llevar dentro que vale la pena valorar:
Tapones de oído.
Nadie ronca como un peregrino cansado. Se comparte el cuarto con hasta 50 peregrinos exhaustos.
Las botas.
La primera vez sufrí mucho con mis botas. Las había usado solo en paseos de un día y resultó que me quedaban apretadas, o mejor dicho, no lo suficientemente grandes. Deben ser por lo menos medio número más grande que tu número habitual. Debes usarlas suficiente en condiciones similares, porque al pasar de los días los pies se hinchan y se hacen muchísimo más sensible. También porque las botas ceden y se hacen más cómodas con el uso.
Las medias.
Antes me sentía un poco culpable de gastar en medias, ya no. Hacen muchísima diferencia. Sean técnicas, que se secan rápido, livianas o de lana, vale la pena la inversión. Uno podría ir con apenas 2 pares, pero generalmente tengo algunas que están casi para tirar y llevo esas que podría dejar atrás sin problema. Me siento exagerada pero prefiero tener 4.
Jabón.
Llevo un solo jabón para bañarme y para lavar la ropa. Compré este multiusos de Dr. Bronner, pero serviría cualquier jabón de Castilla/Marsella.
Chanclas.
Lo tradicional es llevar chanclas. Así se reconocen a los peregrinos cuando por la tarde cuando van sin mochila, cojeando en chanclas. Son indispensables también para ducharse. Como extra-chanclas me lleve unos Vibram Five-Fingers que son como guantes para los pies, me servían para estirar los pies y la gente flipaba y me tomaba fotos por la calle. Ese peso me lo podría ahorrar pero tener la opción de caminar con otros zapatos es prudente.
Pantalones.
Llevo un solo par de pantalones para caminar, super livianos y muy resistentes. Conseguí unos técnicos pero que no se ven abultados tipo cargo. Se ven más estilizados pero si decides meter cualquier cosa en los bolsillos se estiran para que quepa.
Moda de tarde/noche.
Para economizar en la cantidad de ropa, los pantalones que llevaba para la tarde eran los mismos que usaba para dormir, también la camiseta de algodón. Tenía además dos camisetas de tela deportiva liviana, una con mangas largas y otra cortas. Con eso rotaba, y si hacia más frío pues a ponerse todo al mismo tiempo. Y un polar.
Toalla de microfibra.
Con el mismo principio general de ser liviana y secarse rápidamente.
Chubasquero.
Para uno y también para la mochila. Además llevar bolsas plásticas para ropa y zip-locks para todo lo demás; así no solo queda ordenado sino que no hay mucho riesgo que se moje.
Linterna. Preferiblemente las que tienen luz amarilla y roja que no molestar a los peregrinos con quienes compartas la habitación.
Bolsa para electrónicos.
Hechas especialmente para máxima seguridad anti-agua. Además aún si decides llevar tus electrónicos, mejor no tenerlos demasiado a la mano. Para iPod, teléfono, cámara, cargadores, adaptador de voltaje a 220 (si aplica).
Botiquín.
Tiritas/curitas, tylenoles, antidiarreíco y antistamínico. Compresas o tampones. Hay farmacias, así que basta con llevar lo mínimo que puedas necesitar en momento de emergencia. También aguja e hilo para las ampollas o por si acaso se cae un botón.
Agua.
Aunque añade bastante peso, es mejor tener siempre suficiente a la mano. Hay fuentes, tiendas y muchos cafes, pero también hay trayectos lagos bajo el sol cuando no los encontrarás. Conviene ir tomando agua todo el día para no deshidratarse, así que con medio litro podría bastar. Si vas bebiendo aligeras la carga y te vas hidratando que ayuda mucho a sentirse bien.
Comida.
También conviene tener algo que comer. Algo dulce energizante o una fruta que a la vez hidrata. Cada día pones algo que te apetezca y así cuando no quieras detenerte, comes andando.
Si durante tu caminar encuentras que tienes algo que ya no puedes cargar pero preferirías no dejarlo atrás, puedes enviarlo por correo a Santiago de Compostela o a cualquiera de las oficinas del camino y lo guardaran por 30 días.
Del libro de Shirley Maclaine sobre el Camino, me quedo mucho esa frase de: “el Camino te da todo lo que necesitas.” Si no te sientes así de místico, piensa en lo que me comentó una canadiense que ponía en su guía: “lleva todo lo que pienses que vas a necesitar pero si luego te falta algo, no te preocupes: los alemanes lo tendrán.” Lo cierto es que entre la providencia, los alemanes y las farmacias nada faltará.




